martes, 9 de junio de 2015

"MI DESVÁN, AÑORADA FANTASÍA" de Luis Quesada, en La Voz de Espejo, en el diario La Verdad


MI DESVÁN, AÑORADA FANTASÍA

Mi claraboya tiene un agujerito en el techo, y en esa especie de cielo miro cual alcahueta, y observo lo que en la oscuridad se pone en movimiento

En un tramo de escalera, muy fácil de ocho peldaños, en lo alto hay un trastero, buhardilla de mi aposento en esta mi vetusta casa, donde mis años almaceno; allí, lleno de polvo y de grasa está la mugrienta taza y el oxidado caldero. Poseo, puerta de viejo sauce con doscientos remachados clavos, que chirría cuando abre y se atranca en el octavo, desencajados sus pernios, bisagras, hierro chapado. Se abarquilla desencolada maullando cual veinte gatos, que les pisaran sus colas y dos patas de las cuatro; allí hay:

Un sobrero de paja, cuelga canana de caza, palanganas, trozos de porcelanas, unas gafas medio rotas con cristales de cegatos y dos pares de alpargatas, cometa de piel de sapo, dos abrigos hechos harapos; pelota que ya no bota, un grifo con poca estopa, tinajas, un desconchado orinal con bordes de orza. Para las mulas, aperos y en un rincón un acial y, como comadre, celestina veo y enredo.

Está un libro sin hojas dentro, -a su vez dentro- de un puchero al lado de un carburo y un candil. Tomo una hoja al voleo y leo lo que entierro de los años que viví; aquel bonito babero, esa pecera sin pez, mis juguetes del granero, mi niñez, y recuerdo mi sonrisa sin doblez reflejada tanta veces en el cobre de aquel caldero al costado del ocre de la taza de café de arcilla bañada de un minio bermellón oxidado, que sin asa está también.

Mucho más me acongoja, mi muñeca ya coja -la sostiene sólo un pie-, pues rotos tiene sus brazos y su cuello, es, marioneta que disloca y entre sus dedos sin piel agarrota un cuarteto de soneto y una quintilla después.

Recuerdo a mi muñeca, -la primera que yo tengo- que dormía en mi cama y la contaba de cuentos, ella los escuchaba con los ojos muy abiertos; pues, aquellas manitas dulces ahora son polvo y desecho, sus ojitos de cristal que brillaban como espejos, ahora son vidrio vacío con la mirada a lo lejos. Balanceaba caballo sin silla en lomo ni en cola crines; era madera carcomida, y, lo que más yo recuerdo es, lo que contar yo os quiero: Eran...nueve soldaditos de plomo, un sillón de orejas gachas como pachón perdiguero, colindantes claraboya del techo de cristal plomizo, sucio, viejo y negro, con una luz muy opaca de un farol allá a lo lejos. Fantasía ....que no me pone hirsuto el pelo, por carecer ya de ello.

En cuanto se pone el Sol, mi trastero se queda a oscuras por dentro; pero mi claraboya tiene un agujerito en el techo, y en esa especie de cielo miro cual alcahueta, y observo lo que en la oscuridad se pone en movimiento. Salen de todas partes mis soldaditos de plomo poniéndose en movimiento...siete rasos de a pie, un sargento y el capitán en el centro.

Se disponen a tomar -cual loma- un sillón de cuero vuelto. El capitán con medallas y espada con el uniforme más bello. El sargento sus galones y hombreras de terciopelo; los soldados con machetes y fusiles granaderos, y todos con sombreros de gala y botas de charol blanco recesivo, que brillaban como espejos. El capitán da la orden:

 - ¡Al ataque, pardiez, a por ellos! El sillón ha de ser nuestro, antes del alba lo quiero, aunque lo defiendan pulgas, carcoma, bichos siniestros; mis bravos demostrarán la bravura de mi ejercito.

- Pulgas chinches, abejorros huyen, como si fuera el infierno, dos palomas mensajeras (y no ensajero), salen raudas por ventanuco, que hay al ras del raso suelo, una linda margarita, alas en despliego, se deja llevar por el caos y el mucho viento, capullos de seda, gusanos, amarillo, rojos, blancos, rotos sus cascarones vuelan como seda y se posan casi al mismo tiempo. ¿Dónde estarán las mariposas y sus diminutos huevos?
¡Ya no puedo aguantar más! Paso al desván...toso, enciendo un mechero, esperando presto, coger al batallón en la marcha y el trasiego, pero... los soldaditos, la disciplina les rige y volviendo al sitio de origen y en el silencio más quedo, quedan, inertes cual sin haber movido un dedo.
Se quedan quietos, sin vida, y yo, sabiendo la vida que llevan dentro, pienso, que fácil día, me ofrezco como cabo primero, y no esperemos al ocaso, y jugaremos...y jugaremos.

¡Bendita la fantasía, en los corazones buenos!

LUIS QUESADA

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