sábado, 1 de agosto de 2015

Felicitamos a Araceli Perez Navas por su publicación “A mi padre, que hacía creíbles las historias más fantásticas”, La Verdad de Alicante.

Felicitamos a Araceli Perez Navas por su publicación “A mi padre, que hacía creíbles las historias más fantásticas”, del miércoles, 22 de julio, en el diario La Verdad de Alicante.

 A mi padre, que hacía creibles las historias más fantásticas

LA VOZ DE ESPEJO DE ALICANTE ARACELI PÉREZ NAVAS
Miro la foto y recuerdo a mi padre; «El Contador de Historias». Hasta dos días antes de marcharse, escuchábamos con deleite, cómo una persona de su edad, 91 años, conservaba la frescura en sus relatos. En sus ojos perduraba la chispa de la juventud.

Ponía tanto realismo en sus historias, tanto, que jamás logré distinguir la realidad de la fantasía. En los últimos años de su vida, él era siempre el protagonista en sus novelas.

Hasta poco antes de su marcha estuve convencida de que todo lo que decía haber visto y vivido se ajustaba a las más firme realidad. Pero en una ocasión discutiendo con mis hermanos sobre la veracidad de sus relatos, uno de ellos me dijo: «Pero, María, cuando has visto tú a nuestro padre llevar un coche. ¡Si nunca ha tenido carnet de conducir!»

Y, es que, una de las historias que contaba decía que, durante y después de 'La Guerra Civil del 36' él tenía como destino llevar presos a Marruecos en un camión. ¡Cómo no creerle! Si relataba con todo lujo de detalle el embarque , y que, después de todas las vicisitudes de la travesía y el desembarco llegaban a Sidi Ifni, su destino. Una vez entregado el encargo de los prisioneros, se iba a visitar a un paisano del pueblo, este era coronel en la guarnición de esa plaza.

Y describe el recibimiento por parte de este señor y su familia, que lo reciben y atienden como a un príncipe. El coronel tiene una hija de unos cinco años, y cuenta en su relato que es uno de los asistentes marroquíes de su padre quién acompaña a la niña al colegio. Describe hasta el más mínimo incidente vivido en su experiencia marroquí.

Me pierdo en el recuerdo a mi padre y sus historias y me aparto del principio, del motivo real de mi relato. Esta foto fechada en Sao Paulo (Brasil), el día 17 de abril de 1925, dentro de la foto (una familia).

Un hombre de unos 35 años, alto, fuerte, con gesto austero, a su lado su mujer y cuatro hijos, varones todos. Ella menuda, con aire resuelto lleva en brazos al más pequeño, y aunque no se aprecia en el físico, sí en el gesto, que no tardará en llegar el quinto de los hermanos.

Cuantos los acontecimientos después de ese 17 de abril de 1925, en que emprendían el viaje de regreso a España. Después de 14 años lejos de la familia, él para despedirse de los suyos y descansar en su tierra, ella para comenzar una vida de lucha y trabajo. Sola con la única ayuda de cinco hijos, el mayor de doce años y el pequeño de pocos meses.

A pesar del luto y el dolor, desde el primer instante demostró que en una época en que no existía ayuda alguna y con sólo esfuerzo y trabajo, educó y sacó adelante con dignidad, y orgullo de todos los que la queremos y recordamos, sacó adelante como decía, una familia más que numerosa.

Fue una auténtica heroína, se las ingenió de mil maneras para ser la cocinera más cotizada de la villa. Cosía ropa de hombre o mujer, igual le daba. Y, las horas de descanso las dedicaba en algo tan sublime como escribir cartas de amor.

Esas cartas de amor no eran personales. A principios del siglo XX, por desgracia no todo el mundo sabía escribir, en este aspecto mi abuela fue una privilegiada en su tiempo. Escribía por encargo cartas a los novios o novias residentes en otra ciudad por motivos de trabajo o por obligación a la patria.

Mi abuela escribía poesía en sus ratos libres que sacaba de no se sabe donde. Fue una lectora compulsiva devoraba lo que cayera en sus manos novela, biografía, historia, etc., todo papel con letras era interesante para ella.

Con una madre así quién no tiene fantasía. De mi abuela hemos heredado la afición por la lectura y la vena poética.

No soy capaz de tener cerca un lápiz y un papel y resistirme a la tentación de ponerlos en movimiento.

Foto cedida por Araceli

Gracias a mi querido padre «El Contador de Historias».

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