lunes, 22 de febrero de 2016

Felicitamos a María Jesús Ortega por su publicación en el diario La Verdad "PESADILLA"

Felicitamos a María Jesús Ortega por su publicación en el diario La Verdad "PESADILLA" el día 11-2-2016.


 "PESADILLA"
Jimmy estaba consternado: le gustaba el campo y lo mandaban a la guerra. El campo de batalla, no era lo que él quería; él quería plantar árboles, recoger el trigo, tener a punto su cuadra de caballos y su pequeño rebaño. Había nacido para eso, porque desde pequeño, sus padres le habían enseñado y estaba muy feliz en su campo, ese campo. No el de batalla.
¿Qué hacer? No sabía si antes de ir se iba a pegar un tiro él, porque no creía posible, poder pegárselo a nadie.
No podía llorar y menos, delante de sus padres. Era hijo único y a lo peor, no volvía.
No podía desertar, lo tacharían de cobarde.
Se preguntaba: ¿Qué?, ¿qué..., qué puedo hacer?
Jimmy seguía igual de consternado, que cuando había recibido la carta de reclutamiento. Antes de abrirla ya sabía lo que le pedían: Todos los reclutas tenían que formar en siete días. Sus últimos días los tenía que aprovechar al máximo... Pensó en casarse. Sí, su novia se quedaría en su lugar, en su casa, con sus padres. Se les iba un hijo, pero tendrían una hija y... ¿quién sabe? A lo mejor en esos días escribían a la cigüeña y ésta atendía su llamada.
La historia de amor con Flor, había empezado en el colegio. Tenían la misma edad, iban a la misma clase. A Jimmy desde que la conoció, le entusiasmaron sus trenzas, que eran tan gruesas como la soga que él utilizaba para sacar agua del pozo, pero parecían más suaves. No tardó mucho en acariciarlas, porque cuando le dijo a Flor lo bonitas que eran sus trenzas, ella, Flor, después de soltar una sonora carcajada, le dijo «ale, tócalas, no pican, pero no las estires», y así empezó su historia..., acarició sus rubias trenzas, y mientras lo hacía, se fijó en los hoyuelos que se le hacían a Flor, en las mejillas cuando sonreía. Pasó a sus ojos, que eran azules como los lirios que cultivaba su madre, y se dijo para sí: «Jimmy, ¡te estás enamorando...!».
Los dos días siguientes a la misiva del ejército, Jimmy los pasó en los preparativos de la boda, al tercer día se casaron, celebrando la boda en la misma granja. Los dulces los prepararon Flor y su madre. El cordero lechal, corrió a cargo de los padres de Jimmy, que tenían un hermoso horno de leña en dónde se cocían unas buenas hogazas.
Las palabras de amor, las caricias..., condensaron la atmósfera esa noche, en el altillo en donde habían improvisado su nido de amor y llegaron al cielo los susurros, que salían del corazón de los dos enamorados.
En el cuarto día recorrieron con el todoterreno, unos viñedos en un pueblo cercano, y Jimmy dejó apalabradas unas cepas, para al regreso recogerlas.
Recorrieron en dos días con su rojo Jeep Wrangler, bellos lugares, llenos de color y aromas, aunque a Jimmy no se le pudo olvidar la guerra... «Si a nuestro campo no ha llegado, ¿por qué tengo que ir a buscarla yo?».
Jimmy, ayudado por el dueño de los viñedos, Fran, iba colocando las cepas en el todoterreno. Flor no perdía el tiempo y cortando alguna rosa, paseaba junto a la esposa de Fran, Emily, por todo aquél fértil terreno lleno de vida.
Él estaba contento, antes de irse le dejaría a su padre, las cepas trasplantadas, porque como buen campesino conocía que debía hacerlo en el tiempo en que no había savia en los troncos, y, aunque era un marzo soleado, era un buen momento. Con Flor no quería hablar de su cercana marcha, pero fue ella, en el trayecto de vuelta, la que sacó la conversación...
Decidieron que el último día irían los tres a despedirlo al lugar del reclutamiento, sus padres y ella y Flor ayudaría a la madre y no se olvidaría cada día de mandarle una carta al frente. Todo era nuevo para ellos, el matrimonio, la guerra, la separación forzosa... Se miraban y no podían creer que faltara tan poco tiempo para la marcha.
A la infrascrita, se le presenta un dilema: ¿Morirá Jimmy en la guerra o bien quedará cojo, manco, impotente o ciego, por una granada del enemigo?
La infrascrita, tiene el bolígrafo en su mano y se ha levantado de buen humor. Confiesa, humildemente, que aunque se hubiera levantado con mal humor, no estaría en su mente hacer desaparecer a un buen muchachote, que se acaba de casar con su novia de toda la vida y a la que para más inri, termina de dejar embarazada...
A ese hijo por nacer, le hará falta su padre...
A esa esposa, recién estrenada como tal, le seguirá haciendo falta su marido.
¿Por qué matarlo o dejarlo mutilado?
¿Hay algo mejor que una familia bien avenida esperando un retoño?
Decido que no, no lo hay. Decido que el protagonista, que ha pasado a llamarse James, porque en menos de una semana se ha hecho mayor, tiene derecho a sus coles, sus trigos su ganado y sobre todo a su esposa y a ese niño o niña, que vendrá... Quito lo de la guerra inmediatamente, y lo dejo en que eso sea una pesadilla del anterior Jimmy, quedando transcrito, para escarmiento de este mundo inmaduro, en el que sus gobernantes, a pesar de haber ganado unas elecciones, y algunos tener varios títulos universitarios, han cambiado los soldaditos de plomo por los de carne y hueso y no piensan en las cepas de James, ni en su mujer ni en su bebé... Solo piensan en ellos.



Mª JESÚS ORTEGA

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